EL PORQUÉ...

Durante años seguí el camino que parecía lógico.

Estudié.
Me gradué.
Elegí finanzas.
Construí una carrera que, sobre el papel, era impecable.

Y la disfruté.

Pero llegó un momento en el que empecé a hacerme otra pregunta:

¿Es esto lo que quiero construir ahora?

No lo que impresiona.
No lo que resulta cómodo.
Sino lo que tiene sentido para mí.

Entendí que no quería abandonar la ambición.
Quería redefinirla.

Crear algo tangible.
Algo real.
Algo capaz de reunir a las personas, aunque solo sea por unos minutos.

De esa decisión nació KITZ.

EL QUÉ...

La tarta de queso puede no parecer el siguiente paso natural después de las finanzas.

Para mí, lo fue.

Es un producto honesto.
No hay artificios donde esconderse.

Sin adornos que distraigan.
Sin complejidad que disimule errores.

Funciona o no funciona.

Esa exigencia me resultaba familiar.

La abordé como todo lo que había hecho antes:

Refinar. Probar. Ajustar. Repetir.

Hasta eliminar lo innecesario.

KITZ es aplicar rigor a algo creativo.
Es tratar el placer con estándares.

Clásico, sí.
Pero hecho con intención.